El camino de la vida.
| Foto original. |
Héctor Ochoa Cárdenas, nació en Medellín. Hijo de Flor María Cárdenas y el maestro Eusebio Ochoa, compositor, director y profesor de música.
Muy joven, siendo estudiante de bachillerato conformó el Trío de Oro, agrupación que obtuvo gran éxito en las emisoras La Voz de Antioquia, La Voz de Medellín y Radio Libertad. Fallecido su padre, Héctor Ochoa se inició en un modesto puesto en una entidad bancaria, en la que trabajó durante 25 años y llegó a ocupar altos cargos de dirección.
Es canta-autor, ejecutante del tiple y la guitarra, con estudios de lectura y apreciación musical en la ya desaparecida Escuela Superior de Música de Medellín.
La canción que lo llevó al estrellato y consolidó su obra fue “El Camino de la Vida”, de la cual existen más de 50 versiones grabadas que superan los tres millones de copias vendidas. Esta obra fue seleccionada en 1991 por votación nacional como la “ Canción más bella de Colombia”, distinción que fue superada cuando en 1999 fue elegida también por elección popular como la “Canción del siglo XX en Colombia”.
Miembro varias veces del Consejo Directivo de la Sociedad de Compositores de Colombia “Sayco”. Ha sido jurado en los concursos y festivales de música andina más importantes de su país.
Tomado de: http://www.hectorochoacardenas.com/paginas/Biografia.htm
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Aunque no sea de contar toda la historia ahora, S.C. en alguna época de su vida, por alguna razón, quiso averiguar sobre qué era la vida, o, bien, por qué vivir. Y, lo intentó averiguar de una manera algo peculiar, como sigue: con una carpeta y unas hojas en blanco, fue preguntando a personas, conocidas y no conocidas, de hecho, la mayoría no conocidas, en la calle, o en las tiendas, cafés, almacenes, etc., pidiendo a algunas personas que consignaran su opinión en aquellas hoja. Como se mencionó, ahora no es momento de contar esa historia, ni de contar las conclusiones, porque, fueron muchas las frases recolectadas. Tal vez en otra entrada se comente. Lo que se puede decir en el momento es que, un personaje, llamado PERSONAJE D, atendía una pequeña tienda de víveres a donde S.C. acudió. Y, bien, le pidió que consignara alguna frase sobre lo que pensara de qué era la vida. Bien, el personaje escribió una frase X (para pedir la frase X, favor preguntársela al PERSONAJE D, con gusto se las dirá), y, entabló una conversación con S.C.. El PERSONAJE D era un hombre ya de edad, tenía una familia, ya tenía nietos, de hecho...Llevaba un sombrero, ocultando parcialmente sus canas, huella implacable de los años. Algunas arrugas en su frente también lo delataban. Su discurso era sereno, sin pausa, pero con total seguridad. Entre la conversación, S.C. le preguntó por qué colocó la frase X.
PERSONAJE D: ¿Te lo puedo explicar poniendo a sonar una canción?
S.C.: Si, claro, ¿de qué canción se trata?
PERSONAJE D: Escucha.
La canción que escuchó S.C. se titula EL CAMINO DE LA VIDA, de un compositor colombiano llamado Hector Ochoa.
S.C.: Es una canción hermosísima, don PERSONAJE D. Alguna vez toqué esta canción en el piano. Aún la recuerdo.
PERSONAJE D: Qué bien. A grandes rasgos, dicha canción describe mi vida. Claro, no como una especie de biografía. Pero, se ha desarrollado de esa manera. Y, con eso te respondo tu pregunta.
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El camino de la vida
De prisa como el viento van pasando,
los días y las noches de la infancia,
un ángel nos depara sus cuidados,
mientras sus manos tejen las distancias.
Después llegan los años juveniles,
los juegos, los amigos, el colegio,
el alma ya define sus perfiles
y empieza el corazón de pronto a cultivar un sueño.
son la esencia permanente de la vida.
Y luego cuando somos dos en busca de un mismo ideal,
formamos un nido de amor, refugio que se llama hogar,
y empezamos otra etapa del camino,
un hombre, una mujer, unidos por la fe y la esperanza.
Los frutos de la unión que Dios bendijo
alegran el hogar con su presencia,
a quién se quiere más si no a los hijos,
son la prolongación de la existencia.
Después cuántos afanes y desvelos
para que no les falte nunca nada,
para que cuando crezcan lleguen lejos
y puedan alcanzar esa felicidad tan anhelada.
Y luego cuando ellos se van, algunos sin decir adiós,
el frío de la soledad golpea nuestro corazón.
Es por eso amor mío que te pido
por una y otra vez, si llego a la vejez,
que estés conmigo.
los días y las noches de la infancia,
un ángel nos depara sus cuidados,
mientras sus manos tejen las distancias.
Después llegan los años juveniles,
los juegos, los amigos, el colegio,
el alma ya define sus perfiles
y empieza el corazón de pronto a cultivar un sueño.
Y brotan como manantial las mieles del primer amor,
el alma ya quiere volar y vuela tras una ilusión,
y aprendemos que el dolor y la alegría, el alma ya quiere volar y vuela tras una ilusión,
son la esencia permanente de la vida.
Y luego cuando somos dos en busca de un mismo ideal,
formamos un nido de amor, refugio que se llama hogar,
y empezamos otra etapa del camino,
un hombre, una mujer, unidos por la fe y la esperanza.
Los frutos de la unión que Dios bendijo
alegran el hogar con su presencia,
a quién se quiere más si no a los hijos,
son la prolongación de la existencia.
Después cuántos afanes y desvelos
para que no les falte nunca nada,
para que cuando crezcan lleguen lejos
y puedan alcanzar esa felicidad tan anhelada.
Y luego cuando ellos se van, algunos sin decir adiós,
el frío de la soledad golpea nuestro corazón.
Es por eso amor mío que te pido
por una y otra vez, si llego a la vejez,
que estés conmigo.
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FIN






