Carta de Esculapio a su hijo
Ningún ser humano tiene mayores oportunidades
ni contrae tantas responsabilidades y obligaciones como el médico. Necesita
grandes dosis de capacidad técnica, conocimientos científicos y comprensión de
los aspectos humanos... Se da por sentado que posee tacto, empatía y
comprensión, ya que el paciente es algo más que un cúmulo de síntomas, signos,
trastornos funcionales, daño de órganos y perturbación de emociones. El enfermo
es un ser humano que tiene temores, alberga esperanzas y por ello busca alivio,
ayuda y consuelo.
Harrison's Principles of Internal
Medicine, 1950

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S.C. se encontraba en su habitación, en su casa en la ciudad de Bogotá. Sirviendo una copa de vino, se sentó frente a la ventana, que daba hacia un parque. El sol ya estaba cayendo al oeste, y sus últimos rayos daban un encantador toque naranja al cielo. De a poco, la iluminación del parque comenzaba a encenderse. Los niños comenzaban a abandonar el parque, luego de una tarde de juego, mientras algunas parejas jóvenes, en compañía de un helado, contemplaban el atardecer envueltos en su pasión, en su amor.
Tomando un sorbo de vino, dirigió su mirada al interior de la habitación, en busca de un cajón donde guardaba una variedad de cosas, entre cartas, tarjetas, notas, que guardaba a modo de "memorias". Al encontrarlo, se dispuso a leer alguna de ellas, sin un propósito alguno...como, recordando las viejas épocas, o evaluando su vida...Una de esas cartas era de su abuela, en una nota de felicitación por haber ingresado a estudiar Medicina. Por un instante, recordó aquel momento, cuando aún era un muchacho, cuando la luz de la juventud y la lucidez se notaba en sus ojos. Pero, también era un muchacho que sentía temores e incertidumbre del futuro. Ahora, bien entrado en años, y bien recorrida su profesión, recordaba aquellos momentos.
Para aliviar un poco la incertidumbre previa entrada a los estudios, consultó con algunas personas de la profesión. Varios familiares de él eran médicos, y sintió que en ellos podía preguntar cosas, comunes, como: "¿Qué te parece ser médico?", "¿Es verdad que estudian mucho?, "Medicina..¿para ayudar a la gente? ¿dinero? ¿reputación?". A pesar de encontrar respuestas mayoritariamente vacías, uno de sus familiares, de los más viejos, le entregó una hoja, quien encomendó leerla al joven S.C., tanto en ese momento de incertidumbre, como en cualquier momento de su vida que lo necesitara. Su lectura le sirvió mucho, y se sintió tranquilo.
S.C. recordó aquella hoja que su familiar le entregó, y la buscó en todas esas notas que guardaba celosamente. Encontró la hoja, ya arrugada y vieja, con las letras un poco borrosas, aunque aún legible. Se titulaba "Carta de Esculapio a su hijo". Es como sigue:

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“ ¿QUIERES SER MÉDICO, HIJO MÍO?"
Aspiración es esta de un alma generosa, de un espíritu ávido de ciencia. ¿Deseas que los hombres te tengan por un Dios que alivia sus males y aleja su espanto?.
¿Has pensado bien lo que va a ser de tu vida?;
Tendrás que renunciar a tu vida privada; mientras la mayoría de los ciudadanos pueden, una vez terminada su tarea, aislarse lejos del infortunio, tu puerta deberá estar abierta a todos. A toda hora del día o de la noche vendrán a tumbar tu descanso, tus placeres, tu meditación. Ya no tendrás horas que dedicarle a tu familia, a los amigos o al estudio. Ya no te pertenecerás. Los pobres acostumbrados a padecer no te llamarán sino en caso de urgencia, pero los ricos te tratarán como su esclavo, encargado de remediar sus excesos, sea por una indigestión o por un catarro.
¿Eras estricto en escoger a tus amigos, buscabas la sociedad con hombres de talento, con artistas, de almas delicadas?.
En adelante no podrás desechar a los fastidiosos o a los escasos de inteligencia, a los despreciables. El malhechor tendrá tanto derecho a tu asistencia como el honrado. Prolongarás la vida de nefastos y el secreto de tu profesión te prohibirá impedir crímenes de los que seas testigo.
Ten en cuenta que te juzgarán no por tu ciencia, sino por casualidades del destino, por el corte de tus ropas, por la apariencia de tu casa, por el número de tus criados, por la atención que dediques a las charlas y por los gustos de tu clientela. Los habrá quienes desconfíen de t si no usas barba, si no vienes de Asia, si crees en Dioses, otros si no crees en ellos.
¿Te gusta la sencillez?.
Habrás de adoptar la actitud de un augur. Eres activo, sabes lo que vale el tiempo, no habrás de mostrar fastidio ni impaciencia, tendrás que soportar relatos que arrancan desde el principio de los tiempos para explicar un cólico, ociosos te consultarán solo por el placer de charlar, serás el vertedero de las nimias vanidades.
¿Sientes placer por la verdad?
Ya no podrás decirla. Tendrás que ocultar a algunos la gravedad se su mal, a otros la insignificancia pues les molestaría. Habrás de ocultar secretos que posees, consentir en parecer burlado, ignorante o cómplice.
No cuentes con agradecimiento cuando el enfermo sana, la curación es debida a su robustez, si muere, tu serás el que lo ha matado. Mientras está en peligro, te tratará como a un Dios, te suplica, te promete, te colma de halagos. No bien está en convalecencia, ya le estorbas. Cuando se trata de pagar los cuidos que le has prodigado, ya se enfada y ya te denigra.. Cuanto mas egoístas son los Hombres, mas solicitud exigen.
No cuentes con que este oficio penoso te haga rico,. Te lo he dicho: esto es un sacerdocio. Te compadezco si sientes afán por la belleza; verás lo mas feo y repugnante que hay en la especie humana, todos tus sentidos serán maltratados. Habrás de pegar tu oído contra el sudor de pechos sucios, respirar el olor de nauseabundas viviendas, los perfumes subidos de las cortesanas .palpar tumores, curar llagas verdes de pus, contemplar orines, escudriñar esputos, meter el dedo en muchos sitios.
Cuantas veces un día hermoso, soleado y perfumado, al salir de un banquete te llamarán por un hombre que molestado por dolores de vientre te presentará un bacín nauseabundo diciéndote satisfecho: Gracias a Dios que he tenido la precaución de no tirarlo. Recuerda entonces que habrá de parecerte interesante aquélla deyección hasta la belleza misma de las mujeres, consuelo del hombre se desvanecerá para ti. Las verás por la mañana, desgreñadas y desencajadas desprovistas de bellos colores, olvidando sobre los muebles parte de sus atractivos. Cesaran de ser Diosas para convertirse en pobres seres afligidos por la desgracia. Sentirás por ellas menos deseos que compasión.
Tu oficio será para ti una túnica de Neso. En la calle, en los banquetes, en los teatros en tu misma casa los desconocidos, tus amigos, tus allegados te hablarán de sus males para pedirte un remedio. El mundo te parecerá un vasto Hospital, una asamblea de individuos que se quejan.
Te verás solo en tus tristezas, solo en tus estudios. La conciencia de aliviar males te sostendrá en tus fatigas, pero dudarás si es acertado hacer que sigan viviendo hombres atacados por un mal incurable, niños enfermizos que ninguna probabilidad tienes de ser felices.
Cuando a costa de mucho esfuerzo hallas logrado que la existencia de algunos se prolongue, vendrá una guerra que lo destruirá todo.
Piénsalo bien mientras estés a tiempo. Pero si indiferente a la ingratitud, si sabiendo que te verás solo entre las fieras humanas, tienes un alma lo bastante estoica para satisfacerse del deber cumplido sin ilusiones, si te juzgas pagado lo bastante con la dicha de una madre, con la cara que sonríe porque ya no padece, con la paz de un moribundo a quien ocultas la llegada de la muerte; Si ansías conocer al hombre, penetrar a todo lo trágico de su destino, entonces , hazte médico, hijo mío.
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S.C. guardó de nuevo aquella hoja con la Carta de Esculapio, sirvió otra copa de vino, y, volvió a mirar la ventana. La noche había caído ya. Pensaba en el momento que decidió optar por la medicina. Y concluyó que fue una buena decisión.
FIN
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